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La del puerto de la ciudad de Barcelona es una historia tan llena de dificultades como de un notable espíritu de superación. Barcelona, una de las capitales medievales del Mediterráneo, ha tenido que luchar contra los elementos para contar con el puerto ejemplar que posee actualmente. Los muelles del Port Vell descansan sobre siglos de esfuerzos que hoy se ven compensados con la recuperación para la ciudad de uno de sus espacios más carismáticos.

EL PASADO MÁS REMOTO: DE LOS IBEROS A LOS ROMANOS

Hacia el siglo IV aC, lo que hoy es Barcelona era territorio de las tribus layetanas, los iberos que habitaban el litoral comprendido entre los ríos Llobregat y Tordera. Sus poblados ocupaban los cerros entre la sierra y el mar.

Sobre la montaña de Montjuïc, Barkeno era el principal enclave layetano de esta zona. Su puerto natural estaba a poniente de la montaña, comerciaba con la colonia griega de Ampurias y disponía de silos de gran capacidad.

En el siglo I, los romanos fundaron la colonia de Barcino sobre el monte Tàber, donde hoy se halla la plaza de Sant Jaume. De aquella época data la primera actividad portuaria en la vertiente norte de Montjuïc, aproximadamente entre el actual muelle de Bosch i Alsina y las Atarazanas.

A partir del amurallamiento de Barcino, tras la invasión de los bárbaros del año 263, la ciudad y su actividad marítima empezaron a crecer.

EL ESPLENDOR MEDIEVAL: UN IMPERIO MARÍTIMO SIN PUERTO

Los siglos convulsos de la alta edad media acabaron situando a Barcelona en la frontera entre los dos grandes mundos medievales: el islam, al sur, y el cristianismo, al norte. Esta situación estratégica fue decisiva para el crecimiento de Barcelona, que se estableció como puente comercial entre unos y otros convirtiéndose en la mayor potencia marítima del Mediterráneo.

Las Reales Atarazanas de Barcelona, construidas entre los siglos XIII y XIV y que hoy constituyen una de las obras de gótico civil mejor conservadas del mundo, son buena muestra del poder naval de aquella ciudad medieval.

Barcelona dominaba el Mediterráneo, ciertamente, pero lo hacía sin contar con un puerto digno de considerarse como tal. Las naves que anclaban entre las Atarazanas y la ciudad quedaban demasiado expuestas a los fuertes temporales de levante que suelen afectar a nuestra costa y que causaron muchos naufragios delante mismo de Barcelona.

Los temporales hundían barcos y también dificultaban enormemente la construcción de un puerto artificial que les ofreciera protección y facilitase la carga y descarga de mercancías, porque la gran cantidad de arena y sedimentos que desplazaban malograban las obras, a media construcción o cuando ya estaban terminadas.

El puerto de Barcelona es producto de un gran esfuerzo que, durante siglos, ha permitido superar escollos de todo tipo y, en particular, los de carácter meteorológico.

ÉPOCA MODERNA: EL ORIGEN DEL PUERTO ACTUAL, UNA LUCHA CONTRA LA ARENA

Hasta el año 1477 no se inició la construcción del primer proyecto coronado por el éxito: un muelle que llegaría hasta la isla de Maians, que era una isleta arenosa situada a un centenar de metros de la costa. Este es el verdadero nacimiento del puerto de Barcelona.

El crecimiento del dique que protegía el puerto, que en sucesivas etapas se fue alargando desde la isla de Maians hacia el sur y el sudoeste, fue acompañado de grandes acumulaciones de arena en la playa situada al sudeste de la Ciutadella. Sobre esta nueva península se edificaría el barrio de la Barceloneta.

Pero, pese a las sucesivas ampliaciones del dique (que en 1723 llegaba hasta el actual muelle de Pescadors), en el año 1743 la acumulación de arena llegó a colapsar el puerto: una gran barra entre el extremo del dique y la actual plaza del Portal de la Pau obligó a cerrar el puerto, atrapando barcos en su interior y dejando otros fuera. Algo posterior, de 1772, es la torre de la linterna, un faro que hoy es el reloj del muelle de Pescadors.

SIGLO XIX: LLEGAN LAS GRANDES SOLUCIONES

Para solucionar definitivamente los graves problemas de calado del puerto, en 1816 se empezó a alargar el rompeolas, que en 1882 llegaba ya al actual dique Flotant. Pero una nueva barra de arena demostró que aún era insuficiente, por lo que se prolongó el dique y se construyó un contradique que situaba la boca del puerto en el actual muelle de Ponent.

En 1868, las entidades barcelonesas solicitaron al Ministerio de Fomento la constitución de la Junta de Obras del Puerto de Barcelona, que se reunió por primera vez en el año 1869. Esta institución fue toda una experiencia de descentralización y tuvo vida hasta el año 1978, más de un siglo después de su creación.

Bajo el gobierno de la Junta de Obras, el puerto emprendió su consolidación estructural y el peligro de la arena y los temporales quedó definitivamente relegado a las páginas de la historia.

En 1882 concluyó la construcción del primer muelle transversal, donde ahora se encuentra el muelle de Barcelona, que algunos años más tarde acogería la torre de Jaume I del transbordador aéreo, con motivo de la Exposición Universal de 1929.

LA HISTORIA RECIENTE: UN CRECIMIENTO EXPONENCIAL

El puerto siguió creciendo hasta pasar de largo la montaña de Montjuïc, hacia el delta del Llobregat, con la construcción de un puerto interior junto al río, donde más de dos mil años antes había empezado la actividad portuaria de los orígenes más remotos de Barcelona.

En el año 1978 se aprueba el Estatuto de Autonomía del Puerto, convirtiéndolo en el Puerto Autónomo de Barcelona, y en 1987 se inicia la elaboración del Plan Estratégico, un ambicioso proyecto global para el puerto. En 1992 quedan suprimidas las juntas de obras y los puertos autónomos del Estado español y se crean las autoridades portuarias. Por esta razón, el puerto de Barcelona se denomina actualmente Autoridad Portuaria de Barcelona.

En el marco del Plan Estratégico, el puerto se estructura en torno a tres áreas principales: el puerto comercial, el puerto logístico y el Port Vell. Este último, el Port Vell, pasa a ser un espacio de especial atención, con la intención de recuperar una vieja infraestructura que, con las grandes ampliaciones de las últimas décadas, había quedado obsoleta y relegada a los usos tradicionales.

Actualmente, el Port Vell es un espacio plenamente integrado en la ciudad y en la ciudadanía, donde la tradición y el peso de la historia se funden con la modernidad y la utilidad de uno de los lugares más singulares de Barcelona.

Un puerto, una ciudad y una antigua historia entre Barcelona y el mar.

 Port de Barcelona
Port 2000 Josep Anselm Clavé, 27 pral. 08002 Barcelona